Calle 185 No. 51 -56
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Párroco: P . Rafael Bernal N - santaamelia@gmail.com

DESPACHO PARROQUIAL
Martes a Viernes: 2:00pm - 5:30 pm

HORARIO DE MISAS

Templo Parroquial
Martes a Viernes 6:00 pm
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Señor de los Milagros Día 14 de cada mes
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jueves, 29 de marzo de 2012

¿Qué es la Cuaresma?


El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando...y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna. 
Autor: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

martes, 27 de marzo de 2012

Benedicto XVI: "Me voy colmado de experiencias inolvidables"

 

GUANAJUATO, lunes 26 marzo 2012 (ZENIT.org).- A las 8,10 horas de este lunes 26 de marzo, el papa Benedicto XVI se despidió del Colegio Miraflores de León y se trasladó an auto al aeropuerto internacional de Guanajuato donde, a las 9, tuvo lugar la ceremonia de despedida de México, en presencia del presidente federal, de las autoridades políticas y civiles, de numerosos obispos del país y de un grupo de fieles. Tras el discurso del presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el para pronunció las palabras que publicamos a continuación.




*****


Señor presidente,
Distinguidas autoridades,
Señores cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado,

Amigos mexicanos:


Mi breve pero intensa visita a México llega ahora a su fin. Pero no es el fin de mi afecto y cercanía a un país que llevo muy dentro de mí. Me voy colmado de experiencias inolvidables, como inolvidables son tantas atenciones y muestras de afecto recibidas. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el señor presidente, así como lo mucho que las autoridades han hecho por este entrañable viaje. Y doy las gracias de todo corazón a cuantos han facilitado o colaborado para que, tanto en los aspectos destacados como en los más pequeños detalles, los actos de estas jornadas se hayan desarrollado felizmente. Pido al Señor que tantos esfuerzos no hayan sido vanos, y que con su ayuda produzcan frutos abundantes y duraderos en la vida de fe, esperanza y caridad de León y Guanajuato, de México y de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe.


Ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan hermosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro.


También he sido testigo de gestos de preocupación por diversos aspectos de la vida en este amado país, unos de más reciente relieve y otros que provienen de más atrás, y que tantos desgarros siguen causando. Los llevo igualmente conmigo, compartiendo tanto las alegrías como el dolor de mis hermanos mexicanos, para ponerlos en oración al pie de la cruz, en el corazón de Cristo, del que mana el agua y la sangre redentora.


En estas circunstancias, aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la mentalidad utilitarista, que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad. Por eso, la Iglesia exhorta a todos sus fieles a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad de preocuparse por el bien de los demás, de todos, tanto en la esfera personal como en los diversos sectores de la sociedad.


Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja. Muchas gracias.

©Librería Editorial Vaticana

martes, 20 de marzo de 2012

Hijos de la Divina Voluntad


Lunes 19 de marzo, 2012 - Noticias y Actualizaciones 

Actualidad


III Jornada de reflexión sobre la Pasión de Cristo en Bogotá - marzo 2012
III Jornada de lasw Horas de la Pasión


El próximo 24 de marzo, se llevará a cabo la III Jornada de Reflexión sobre la Pasión de nuestro Señor Jesucristo y los Relojes Vivientes en la ciudad de Bogotá.
INFORMACIÓN

Dirige: Hermana Belén Moreno hdv
Día: Sábado 24 de marzo de 2012
Hora: 3p.m. a 5 p.m.
Lugar: Parroquia Santa Amelia (Tejares del Norte)
Calle 185 No. 51-56 - Una cuadra abajo del Centro Comercial  Santafé.
OFRENDA VOLUNTARIA
Para aclaraciones o dudas diríjase al correo relojes.vivientes@divvol.org


viernes, 16 de marzo de 2012

Susurro de Dios

Un hombre susurró: "Dios, háblame".
Y entonces cantó un pajarito. Pero el hombre no escuchó.
Entonces, el hombre gritó: "Dios, háblame".
Y entonces se oyeron truenos a través de un colchón de nubes.
Pero de nuevo el hombre no escuchó.

El hombre miró a su alrededor y dijo: "Dios, déjame verte". Y una estrella brilló en el firmamento como nunca había brillado.
Pero el hombre no miró al cielo y no la vio...
Entonces el hombre, indignado, fuertemente gritó:
"Dios, déjame ver un milagro". ¡Y nació su hijo!

Pero el hombre no se dio cuenta de la nueva e irrepetible vida que comenzaba.
Entonces gritó desesperado: "Dios, tócame, déjame sentirte".
En ese momento, Dios bajó del cielo y tocó al hombre en su mejilla suavemente.

Pero el hombre quitó la linda mariposa de su mejilla y siguió su camino.
Esto nos debe recordar que Dios siempre está a nuestro lado, en todo, en lo grande y lo sencillo, al igual que en cosas a las que no le prestamos mucha atención.

Inclusive en nuestra era electrónica.
El hombre, llorando, gritó: "Dios, necesito tu ayuda".
Y, en ese momento, le llegó un mensaje de correo electrónico con buenas noticias, dándole aliento, y con la oración y el abrazo de alguien que lo quería...
El hombre no lo vio... Siguió trabajando y lo borró sin leerlo.
No te pierdas de una oración ni de un buen amigo sólo porque la envoltura no es lo que tú esperas... Dios nos habla a través de las personas más sencillas y menos esperadas.

martes, 13 de marzo de 2012

El Perdón

Propósito
Hoy perdonaré de todo corazón a aquella persona que no he sabido perdonar o a quien hoy me pueda dar un disgusto.

Diálogo con Cristo

Jesús, hoy te ofrezco mis pecados y mi debilidad, porque soy tu deudor. Sé que me quieres perdonar. Por eso vengo con una gran confianza. Confío en tus méritos y en tu muerte. Yo quiero ser el instrumento de tu perdón. Dame esta gracia. Yo sé que perdonar es la solución de muchos de mis problemas. Ayúdame a ser humilde y a aceptar mis propios defectos y los de las personas a mi lado. ¡Ayúdame a ser un apóstol de tu perdón!


"Señor, toma este corazón de piedra, y dame un corazón de hombre: un corazón que te ame, un corazón que se alegre en ti, que te imite y que te complazca." (San Ambrosio)



Tomado de Michael Hemm Catholic.net

jueves, 8 de marzo de 2012

La oración del Padre Nuestro

Parroquia Santa Amelia



En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús nos muestra que tan íntimamente nos ama nuestro Padre. En la primera lectura, nosotros vemos a nuestro Padre recordarnos que cualquier cosa que él ha prometido hacer por nosotros (prometido en su Palabra), él lo hará verdaderamente por nosotros. ¿Por qué dudamos de esto?

La duda viene de la información incompleta: Recibimos nuestras primeras imágenes de cómo es Dios por nuestro padres humanos y otras figuras de autoridad (incluyendo a las madres). Siendo que hasta el mejor de los padres imito a Dios imperfectamente y nos amó insuficientemente, nuestro conocimiento del amor de Dios el Padre es insuficiente.

Cuándo nosotros hacemos la oración del "Padre Nuestro"- si realmente ponemos atención a las palabras, orando desde nuestros corazones en vez de recitando de un tirón las palabras como paganos balbuceando - entonces nos abrimos a su amor completo. Cada parte de esta oración, que Jesús aprendió de sus propias experiencias con el Padre, es una prescripción para una relación íntima con nuestro Papá celestial.

Como un ejercicio espiritual para esta Cuaresma, reza "El Padre Nuestro" lentamente, línea por la línea, reflejando en cómo cada parte te conecta al amor del Padre que te ama perfectamente, completamente e incondicionalmente.

 Al final de esta lectura del Evangelio, Jesús nos ofrece la llave que abre el poder del amor de nuestro Padre. No es por accidente que él da instrucción adicional para sólo una parte de esta oración: "Si tú perdonas las ofensas de los demás, tu Padre celestial te perdonará las tuyas". El NO perdonar cierra nuestros corazones al amor. Cuándo la puerta esta cerrada, no estamos abiertos a recibir amor, ni siquiera el amor perfecto de nuestro Padre.

Es por esto que Jesús nos dijo que rezáramos a nuestro Padre en vez de a MI Padre o a EL Padre. Estamos todos juntos en esto. Nuestro Padre es el Padre de Jesús. Es una oración de comunidad. Cuándo nosotros lo rezamos a solas, Jesús es nuestro compañero de oración.

Cuando lo rezamos en la iglesia, estamos unidos a todos los hijos de Dios. ¿Cómo podemos amar a Dios al negarnos a amar a alguien que el ama profundamente? Entre más dispuestos estamos a amar a los demás - incluyendo a los que son muy difíciles de amar -más abrimos nuestros corazones al amor de nuestro Padre.

Y entre más nos abrimos al amor de nuestro Padre, más amor tenemos para compartir con los demás.
Reflexión de las Buenas Nuevas
Martes de la Primera Semana de Cuaresma
28 de febrero, 2012


Esta reflexión fue copiada con permiso de la autora, Terry Modica, y es utilizada bajo la responsabilidad de grupo católico Reflexiones para el Alma de Miami Fl. Fue publicada por Ministerios de La Buena Nueva, http://gnm.org , registrada en el registro de propiedad literaria (c) 2012. Para obtener permiso para re enviar este o imprimirlo o copiarlo, vaya a Derechos de autor
© 2012 por Terry A. Modica


Reflexiones para el alma       Efesios 6, 11 - 13



11.
Lleven con ustedes todas las armas de Dios, para que puedan resistir las maniobras del diablo.
12.
Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba.
13.
Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas.


Reflexiones para el Alma
11345 SW 128 Street
Miami, Florida 33176



Lecturas del día:
 
Santiago 4:1-10
Salmo 55:7-11a, 23
Marcos 9:30-37

La santidad no es solo para "los Santos Canonizados"


Parroquia Santa Amelia , La santidad también es para ti
¿Eres sant@? No te sonrojes ni te turbes y digas, ¡"Nooo, yo no soy un sant@"!  Bien, ¿acaso no crees (como profesamos en el Credo) en la SANTA iglesia católica? ¿No eres parte de esta iglesia? ¿No recibiste el ESPÍRITU SANTO en el bautismo?
Nosotros SOMOS santos. Fuimos hechos santos en nuestro bautismo. Sin embargo, no estamos completamente convencidos de que es bueno ser santo, y por lo tanto hacemos cosas que no corresponden a nuestra naturaliza bautismal. Toma una parte de la vida aprender como aplicar nuestra naturaleza santa en todas las situaciones diarias que nos tientan a hacer el mal. Tenemos que trabajar arduamente para motivarnos a actuar según la santidad que hay dentro de nosotros.
Para resistir el pecado, necesitamos aprender a controlar nuestros pensamientos, alimentar nuestra alma, y disciplinar nuestra naturaleza carnal para que lleguemos a ser más fuertes contra nuestra vulnerabilidad hacia el pecado. 
Nuestras mentes se desvían al mal cada vez menos cuándo dedicamos más tiempo a Orar y meditar en la Palabra de Dios, en el amor de Dios, en la voluntad de Dios, y todo lo demás que es santo y puro. Las pasiones espirituales de nuestras almas disminuyen en egoísmo cuando nos interesamos por los demás. Aprendemos a vencer nuestros apetitos irregulares (los antojos pecadores de la carne) cuando disciplinamos nuestros cuerpos por medio del ayuno, la abstinencia, y por la penitencia. 


En la primera lectura de hoy, Dios nos implora: ¡"Lávense, purifíquense! No me hagan el testigo de sus malas acciones; dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien". Queremos vivir de esta manera, pero no es nada fácil. Necesitamos ayuda sobrenatural. Necesitamos gracias especiales. ¡Gloria al Señor, esto es exactamente lo que es ofrecido en el Sacramento de Reconciliación! Porque ES un sacramento, ES un encuentro con lo sobrenatural. 
Dios quiere que sea más fácil para nosotros alejarnos de las malas actitudes y utilizar los regalos de santidad que él nos ha dado. Y él nunca pide lo imposible. Es él quien hace posible vivir sagradamente. Está en nosotros el servirnos de esta ayuda.
"Vengan, para que arreglemos cuentas, dice el Señor: Aunque sus pecados sean colorados, quedaran blancos como la nieve. ..."
Y Jesús nos dice en el pasaje del Evangelio de hoy: " el que se humilla será ensalzado". La palabra "ensalzado" significa "aumentar la actividad de" o "intensificar". ¡Dios aumentará e intensificará nuestra santidad siempre que admitamos nuestra maldad y dependamos del poder de sus sagrados sacramentos!


Lecturas del día:
 
Isaías 1:10, 16-20
Salmo 50:8-9, 16-17, 21, 23
Mateo 23:1-12

Emaús - Mujeres

Este espacio sería para las caminantes que nos ayudan siempre