Calle 185 No. 51 -56
Tel: 510 73 59
Párroco: P . Rafael Bernal N - santaamelia@gmail.com

DESPACHO PARROQUIAL
Martes a Viernes: 2:00pm - 5:30 pm

HORARIO DE MISAS

Templo Parroquial
Martes a Viernes 6:00 pm
Sábado 6:00 pm
Domingo 7:30 am – 9:00 am 10:30 am - 12:00 m – 4:30 pm – 6:00 pm – 7:30 pm

Centro Comercial Santafé
Domingo 10:00 am

Club del Rancho
Domingo 12:30 am

Señor de los Milagros Día 14 de cada mes
7:00 am – 12:00 m – 3:00 pm – 6:00 pm – 7:30 pm

domingo, 29 de abril de 2012

Retiros Emaús - Mujeres y Hombres



Desde anoche están nuestras servidoras dando la fuerza y la fé a las nuevas caminantes, ofrezcamos una oración y dádiva a Dios y la Virgencita para que se unan más mujeres a este ministerio que tenemos para alabanza y gloria de nuestro Señor. Solicitamos estén en oración para que estas 54 caminantes tengan un verdadero encuentro con Jesus vivo y para que las servidoras, por medio del Espíritu Santo, se llenen de sabiduría y amor para que este retiro tenga un final feliz. Por favor oremos

Javier , Nestor, José Luis, Juan Albeiro, Francisco, Jairo  nuestros caminantes más "veteranos" nos llenan de ese amor y esa pasión que es servir, en general es muy satisfactorio ver como tantos hombres, cosa nada fácil, se reúnen Lunes y Sábados con el ánimo de esperar nuevos caminantes.

Agradecemos las charlas de nuestros hermanos y hermanas que se toman el tiempo para preparar y compartir con nosotros como preámbulo a un nuevo retiro. Ellos son Alexandra Pepinosa, Judy Alvarado, Mario Reina, Diácono Carlos Ruiz, Lucia Navarrete y Damaris Calderon.

Los días 18, 19 y 20 de Mayo se realizará el Retiro de Emaús - Hombres, quienes estén interesados en ser parte de esta gran manifestación de amor a nuestro señor Jesus. Lugar Casa de Retiros Cristo Rey - Calle 170 No. 19 B 62 Bogotá. El costo del retiro es de $200.000 (Doscientos  mil pesos M/cte).

Para mayor información e inscripciones contactarse al email del hermano Javier Roa xavi18_ro@hotmail.com

jueves, 12 de abril de 2012

Partiendo el Pan ...

María Magdalena no reconoció a Jesús resucitado, si no hasta que él la llamó por su nombre. En la lectura del Evangelio de hoy, los discípulos de Emaús no lo reconocieron, si no hasta que (1) escucharon la explicación de la Palabra, y (2) compartieron el pan con él.


Cuando Jesús les dio una nueva comprensión de las Escrituras (les explico en detalle), estos dos discípulos anónimos no lo reconocieron conscientemente (en la cabeza), pero sus corazones SI lo hicieron definitivamente. Lo que les entro por la mente, se encontró con lo aprendido "de corazón" al final del viaje, cuando Jesús les dio una participación eucarística del pan.

Las misas que celebramos hoy en día están destinadas a ser un viaje similar de volver a descubrir y reconocer a Jesús. En primer lugar, tenemos la Liturgia de la Palabra. Y en segundo lugar, la Liturgia de la Eucaristía, para unir lo dicho de palabra, con lo escuchado de corazón y obtener el gran valor de las Escrituras "al escuchar con nuestros corazones".

Si detallamos la Liturgia de la Eucaristía. Cuando el sacerdote que preside consagra el pan y el vino, en realidad no es el sacerdote, Es Jesús el que lo está haciendo. Cristo, que habita dentro de él está haciendo por nosotros lo que hizo con los dos discípulos de Emaús.

Si hemos abierto nuestro corazón a Jesús durante la primera parte de la misa, vamos a tener la fe para ver mucho más que un pedazo de pan y una copa de vino. Sabemos en nuestro corazón y en nuestra mente, que la Eucaristía ES en efecto, verdaderamente el cuerpo y la sangre de Jesús -y no los símbolos-, NO ES lo que nuestros ojos y nuestras papilas gustativas nos dicen, ES pero lo que nos dice La Fe.

Aquellos que todavía no pueden creer con el corazón que el pan y el vino se transforman en el mismo
Jesús, sólo tienen que pedirle a Jesús que les ayude a reconocer la verdad y seguir pidiendo hasta que experimentan la verdad. El deseo de creer es el punto de partida de la plena convicción.

Cuando Jesús viene a ti en la Palabra, ¿se te acelera el corazón? ¿Las escrituras tocan tu corazón y cambian tu vida?

Y cuando pasa que el pan y el vino milagrosamente convertidos en Jesús, ¿hacen que nosotros nos arrodillemos de convicción, porque estamos ante la presencia de Dios Todopoderoso? ¿Te sientes indigno de recibir en tus labios al santo de los santos como lo es Jesús? Cuando oras, "Señor no soy digno ... pero una sola palabra tuya, bastara para sanarme" ¿has tenido una experiencia de cambio? ¿Te vuelve más santo, más puro y más decidido a vivir de la manera que Jesús te pide?

Por último, estas tu tan conmovido con el encuentro con Jesús en la Misa, que al salir de la iglesia como los dos discípulos de Emaús, ¿corres de regreso a "tu Jerusalén" para decir a otros lo que Jesús por medio del sacerdote, nos ha explicado en la misa? ¿Me he convertido en evangelizador, no guardando la noticia para mi mismo, sino que la comparto para que otros puedan beneficiarsen


Miércoles de la Octava de Pascua
11 de abril 2012

viernes, 6 de abril de 2012

Viernes Santo - ¿Qué hizo Jesús por ti?

Hoy viernes santo, comenzamos con la procesión de las estaciones en donde al inicio, 10:00 am, nos recibió el clima con lluvía por lo cual el parroco Padre Rafael no pudo acompañarnos ya que se encuentra delicado de salud y no se le permitíó salir. En su reemplazo quien mejor que nuestro diácono Carlos quien nos ofrecipo sus oraciones y su ánimo para el comienzo de la procesión. Durante el camino las personas se unian a nuestras oraciones y es así como casi en la mitad del recorrido, el señor nos bendijo y apareció el sol en todo su esplendor lo cual nos ayudo a que se nos uniera mas gente.

En la tarde se realizó la eucaristía en donde el clima ayudo bastante y se realizó una ceremonia con toda la pompa y el recogimiento que era de esperarse para esta celebración como es la del viernes santo. En esta si contamos con la presencia del padre Rafael quien encabezó la conmemoración del día de la muerte de Jesús en la cruz. El padre nos recalcó en la importancia del hecho sucedido hace más de 2000 años en los cuales el Dios-hombre nos mostró el amor que siente por  nosotros y lo grande que es al morir en la cruz por nuestra salvación. Oremos con gozo y asistamos en la noche al sermón de las 7 palabras, en el cual nuestro Diácono nos explicará que implica desconocer o no entender estas muestras de amor Divino.

Lo siguiente nos los comparte nuestro hermano Javier Roa ...

Cuándo nosotros leemos la historia del Evangelio de hoy, nos podemos preguntar: ¿Ha hecho Jesús lo suficiente por mí? ¿Tengo peticiones de oraciones que aún no han sido contestadas o no están siendo contestadas satisfactoriamente? ¿Supongo que es porque a él no le interesa? ¿He sido lastimado o me han roto el corazón sin recibir suficiente sanación y esperanza de él? ¿Ha hecho muy poco Jesús para hacerme feliz? ¿Me siento como que la razón por la que yo he sido tratado injustamente, es porque Jesús quiere a la otra persona más que a mí?
Seamos honestos. De vez en cuando, todos nosotros caemos víctimas de suponer erróneamente que la vida no sigue el curso que debería porque Dios así lo quiere: Él está siendo malo, indiferente o distante. Quizá no estamos siempre conscientes de esto, pero allí está, bajo la superficie, afectando nuestras conductas y nuestro nivel de fe.
La llave para salir de esta prisión voluntaria es de meditar sobre lo que Jesús hizo por ti en el Viernes Santo original. Siendo que él estuvo dispuesto a hacer ESO por ti, ¿no está él también dispuesto a hacer todo lo demás que es bueno para ti?
¡Todo lo demás es fácil para él en comparación con la cruz, que él soporto por tu bien! Toma muy personalmente lo que él atravesó: Por ti él sufrió abusos. Por ti él soporto las burlas y el tormento. Por ti él aceptó una muerte insoportable y dolorosa.

¡Por supuesto que él se preocupa por ti! Por supuesto que él quiere proveer y darte a ti todo lo que necesitas, desde la más pequeña bendición hasta la sanación más grande (que es la sanación de tu alma).
¡Asistiendo a los servicios del Viernes Santo en la iglesia y escuchando la Pasión de Cristo al mirar la cruz, podemos recordarnos - y permitirle a Jesús que él mismo nos recuerde - que realmente le importamos a él, y enormemente!
De hecho, le importamos tanto que él se niega a tomar caminos fáciles, medidas a medias o conformarse con lo que sea, para poder satisfacer todas nuestras necesidades, aun las que todavía no estamos enterados, y resolver todos nuestros problemas empleando el plan mejor posible, incluso si no entendemos todo esto por un buen rato.
 

Reflexión de Las Buenas Nuevas
Viernes Santo
6 de abril, 2012
 

Celebración de la Pasión del Señor

jueves, 5 de abril de 2012

Jueves Santo en la Parroquia de Santa Amelia

Hermanos, esta es nuestra iglesia en la cual celebramos hoy el Jueves Santo, con una nutrida asistencia a nuestra misa en la tarde y a la adoración del santísimo en la noche.

Al leer la Sagrada Escritura reconocemos la presencia de Jesús en la última cena. En el Evangelio de Lucas: "Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo:'Tomen esto repártanlo entre ustedes'. Después tomó pan, dió gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: 'esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes, hagan esto en memoria mía' ".


El padre Rafael lo decía en su sermón, esta feliz por las cosas bonitas que se ven en la parroquía de las muchas personas que estamos sirviendo y ayudando en que la fé sea más y más fuerte. Se hincha el corazón de alegría y regocijo al ver la iglesia llena de personas ávidas de Dios y la Virgen. De muchos otros que quieren servir y ayudar a las personas menos dichosas de llevar el llamado de Jesús en sus corazones.

Pidamos al Señor nuestro Dios, que siga fortaleciendo al Padre Rafael para que continué con su obra y conduciéndonos para ser una comunidad llena de fé y siguiendo a Dios nuestro Señor.

Lavatorio de los pies

Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

Juan 13, 1-15. Jueves Santo. Jesús, enséñame a quererte, como tú me quieres, enséñame a ver tu rostro en el rostro de mis semejantes. 
 

Del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos». Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

martes, 3 de abril de 2012

La Semana Santa

Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net

Explicación de la celebración

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.
Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.
A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.
Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

Domingo de Ramos:

Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.

Jueves Santo:


Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Viernes Santo:

Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

Sábado Santo o Sábado de Gloria:

Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “ la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua:

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.
¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?
El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.

En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.
Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

Sugerencias para vivir la Semana Santa

Asistir en familia o a los oficios y ceremonias propios de la Semana Santa porque la vivencia cristiana de estos misterios debe ser comunitaria.

Se puede organizar una pequeña representación acerca de la Semana Santa.

Poner algún propósito concreto a seguir para cada uno de los días de la Semana Santa.

Elaborar unos cartelones en los que se escriba acerca de los días de la Semana Santa y algunas ideas importantes acerca de cada uno de los días.

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Qué es la Cuaresma?


El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando...y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna. 
Autor: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

martes, 27 de marzo de 2012

Benedicto XVI: "Me voy colmado de experiencias inolvidables"

 

GUANAJUATO, lunes 26 marzo 2012 (ZENIT.org).- A las 8,10 horas de este lunes 26 de marzo, el papa Benedicto XVI se despidió del Colegio Miraflores de León y se trasladó an auto al aeropuerto internacional de Guanajuato donde, a las 9, tuvo lugar la ceremonia de despedida de México, en presencia del presidente federal, de las autoridades políticas y civiles, de numerosos obispos del país y de un grupo de fieles. Tras el discurso del presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el para pronunció las palabras que publicamos a continuación.




*****


Señor presidente,
Distinguidas autoridades,
Señores cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado,

Amigos mexicanos:


Mi breve pero intensa visita a México llega ahora a su fin. Pero no es el fin de mi afecto y cercanía a un país que llevo muy dentro de mí. Me voy colmado de experiencias inolvidables, como inolvidables son tantas atenciones y muestras de afecto recibidas. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el señor presidente, así como lo mucho que las autoridades han hecho por este entrañable viaje. Y doy las gracias de todo corazón a cuantos han facilitado o colaborado para que, tanto en los aspectos destacados como en los más pequeños detalles, los actos de estas jornadas se hayan desarrollado felizmente. Pido al Señor que tantos esfuerzos no hayan sido vanos, y que con su ayuda produzcan frutos abundantes y duraderos en la vida de fe, esperanza y caridad de León y Guanajuato, de México y de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe.


Ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan hermosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro.


También he sido testigo de gestos de preocupación por diversos aspectos de la vida en este amado país, unos de más reciente relieve y otros que provienen de más atrás, y que tantos desgarros siguen causando. Los llevo igualmente conmigo, compartiendo tanto las alegrías como el dolor de mis hermanos mexicanos, para ponerlos en oración al pie de la cruz, en el corazón de Cristo, del que mana el agua y la sangre redentora.


En estas circunstancias, aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la mentalidad utilitarista, que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad. Por eso, la Iglesia exhorta a todos sus fieles a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad de preocuparse por el bien de los demás, de todos, tanto en la esfera personal como en los diversos sectores de la sociedad.


Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja. Muchas gracias.

©Librería Editorial Vaticana

Emaús - Mujeres

Este espacio sería para las caminantes que nos ayudan siempre